El futuro del trabajo (y el nuestro)

El futuro del trabajo (y el nuestro)

¿Ocurrirá como afirman las consultoras, que en el 2030 desaparecerán el 40% de los empleos que hoy conocemos? ¿No les parece que la automatización del mundo – amerita una regulación de los estados? Es decir, sería improbable que pudiera darse tan prontamente y como se lo está anticipando ya que provocaría un colapso económico a nivel mundial.

De hecho, si uno mira hacia atrás, la humanidad ya atravesó muchos cambios radicales. En la primera revolución industrial, se tenía una visión parecida a la actual, que la mayoría de los puestos de trabajo serían reemplazados por máquinas automáticas. Y esto no ocurrió, si bien hubo un profundo cambio en la economía y una redistribución de la población, las personas continuaron su trabajo. Muchas de ellas manejaron esas máquinas.

El hombre contra la máquina

Mientras el CEO de Mercedes Benz desalienta la compra de coches y estudiar la carrera de abogacía, afirma que sus competidores ya no son los fabricantes de carros sino, Google, Apple y Amazon. Continuando con las profecías apocalípticas, a partir de 2020 se avizora no solo la quiebra de las automotrices, sino también la invasión de máquinas desarrolladas con IA (Inteligencia Artificial), que desempeñarán de manera más eficiente diagnósticos médicos y el asesoramiento jurídico entre otras tareas.

Sin embargo, también hay otras perspectivas sobre el tema, Gary Kaspárov campeón mundial de ajedrez desde 1985 hasta 1997 nos trae un poco de calma en medio de este tsunami digital que tal como está planteado amenaza acabar con miles de empleos y casi con la humanidad.

En una charla TED titulada: “No temas a las máquinas, trabaja con ellas”, Kasparov comparte su experiencia como protagonista de “el hombre contra la máquina”. En 1996 y 1997, cuando se enfrentó a Deep Blue, una supercomputadora desarrollada por IBM. En la primera partida logró vencerla, pero el año siguiente la máquina salió victoriosa.

De la mitología a la ciencia ficción se ha retratado el humano contra la máquina como una cuestión de vida o muerte”, dice Kasparov risueño, añadiendo, “fue tanto mi bendición como mi maldición convertirme en el hombre proverbial contra la máquina, de la que todavía hoy se sigue hablando”. “Pero no fue Deep Blue, sino sus creadores humanos, me quito el sombrero ante ellos, dijo, como siempre el triunfo de la máquina fue un triunfo humano”.

Suena lógico, ¿Quiénes desarrollan la inteligencia artificial? ¿Por qué se la llama inteligencia? Son personas, claro está. Y se llama inteligencia porque emula una capacidad humana. Pero emular no significa ser mejor que, sino contar con una determinada pericia. La velocidad en la decisión de un algoritmo de búsqueda gracias a los millones de datos que lo componen. ¿Cuánto tiempo tardaría un humano buscando lo mismo en una biblioteca cuasi infinita de datos? Ni siquiera podemos calcularlo.

El temor a un mundo desconocido

Al igual que en otras épocas, existen empleos que van a desaparecer. También vendrán nuevos: Programadores de Software Médico, Ingenieros en Telemática y en Telefonía Celular, Ingenieros Genéticos, Biotecnólogos, Especialistas en análisis de datos y otros que ni siquiera imaginamos.

¿No les hace pensar que se trata de un temor más que de un hecho posible, el cambio inminente hacia una sociedad automatizada? Un temor natural, por supuesto, ya que el nuevo escenario (desconocido pero imaginado) nos obliga a repensar sobre nuestro trabajo y rol social.

¿Qué pasará con el contact center? Se transformará como viene haciéndolo desde sus comienzos, cuando solo existía el canal de voz y el fax ¿Cuándo fue a última vez que enviaron un fax? Seguramente ni lo recuerdan … desde hace tiempo pueden compartir archivos por WhatsApp, otros medios de mensajería o en un email.

Esto nos muestra la evolución orgánica del sector, que continuará su curso y seguramente nos sorprenderá con nuevas maneras de comunicarnos. Más simples. Creando experiencias más acordes a los que esperan nuestros clientes.

Finalmente, subrayar que el enemigo no es la tecnología, sino el uso que le damos a la misma. Elon Musk, empresario sudafricano, subraya la necesidad imperiosa de regular la inteligencia artificial antes de que ésta produzca daños irreparables en nuestra civilización. “Debemos ser proactivos no reactivos en este sentido”, sostiene, “el uso de esta tecnología podría enmascarar actividades reñidas con la ética humana”.

Y nuevamente, como dice Kaspárov en su charla, en el centro de la escena está la decisión humana. La tecnología puede ayudarnos y mucho, como titula su ponencia, pero únicamente trabajando con ella.